FOTOLIBRO "MADRILEÑOS"
El ADN de una ciudad impreso sobre papel.
Edición de Mecenazgo: Llévate una fotografía de regalo
Madrileños busca financiarse de forma colectiva a través de esta campaña de preventa, permitiendo a la comunidad convertirse en auténticos mecenas de su propio patrimonio cultural.
Hasta el 4 de julio, adquiere tu fotolibro por solo 50€ y recibe un beneficio único:
Por el mismo precio de la edición, podrás elegir una fotografía original de regalo de la serie del libro o de la colección de la galería Mister Turrión.
- Impresión de coleccionista: Copia realizada en técnica Giclée sobre papel premium de bellas artes Awagami de bambú de 250 gramos.
- Formato: Tamaño de papel DIN A4 ($210 \times 297\text{ mm}$) con una mancha impresa de $130 \times 180\text{ mm}$, perfecta y lista para enmarcar.
PAPEL
Papel estucado de alta gama Gardapat Klassica de 150 gramos, escogido específicamente para respetar la profundidad de los negros, el grano y la luz lateral esculpida en los rostros.
ENCUADERNACION
Tapa dura cosida, elegantemente forrada en tela con el título estampado en blanco.
TAMAÑO
210 X 250 MM.
200 páginas texturizadas
Una cartografía humana frente al estereotipo monumental
Frente a la visión monumental o típicamente turística de la capital, el fotógrafo Adolfo Morales propone en Madrileños una tesis tan sencilla como contundente: madrileño es aquel que vive y trabaja en Madrid.
Este trabajo documental, concebido y gestado desde las entrañas del icónico Mercado de la Cebada, huye de la genealogía para centrarse de lleno en la presencia viva. Adolfo no inmuta este espacio como un observador aséptico; lo habita como un vecino más al regentar su propia galería de autor dentro del mercado. Esa posición de absoluta proximidad es la que permite romper barreras y forjar un pacto de confianza cimentado entre mostradores, cajas de pescado y el ir y venir diario del público.
Utilizando un blanco y negro de alto contraste, sobrio y atemporal, las imágenes despojan a los sujetos de lo superfluo para centrarse en la honestidad del rostro y las manos curtidas por la labor. Cada mirada a la cámara es el eje central: no hay robados, hay una interpelación directa, un orgullo y una transparencia absoluta que funciona como el testimonio de su existencia.